Descubriendo si ¿Somos tan diferentes? de la mano de Natalia Manso. La columna habla de la brecha de género entre hombres y mujeres, en el Perú y en otras partes del mundo. Así que, ¿Cuáles son las verdaderas diferencias? ¿Cómo las resolvemos?

Contentas de cerrar el año con una reflexión de nuestra Gerente General.  Felicidades Natalia por esta columna de Opinión (sección Economía) del Diario Gestión. El texto es un artículo que analiza la situación sobre la brecha de género en nuestro país. Les animamos a leerlo.

Artículo Diario Gestión, 28.12.2018, Perú.

Según el Índice Global de Brecha de Género 2016 (WEF), que puntúa 144 países en un rango de 0 a 1, siendo 0 la imparidad y 1 la paridad, Nueva Zelanda ocupa el puesto nº 9 del ranking, con una calificación de 0.791. Perú se encuentra en la posición nº 48, con una valoración de 0.719. Veamos por qué.

Reconocidas autoras como las Dras. Tinsley y Ely, citan en su artículo What most people get wrong about men and women (HBR, may–jun 2018), que hombres y mujeres somos similares en múltiples dimensiones: nivel de confianza y compromiso, habilidades, ambiciones o capacidad de negociación. Existen, eso sí, algunos mitos culturales que enmascaran esa igualdad. Una vez desmentidos, aparece la verdadera diferencia entre géneros: el contexto.

¿Por qué la Primera Ministra de Nueva Zelanda, acude con su bebé a la Asamblea General de la ONU? ¿Es más capaz? No. El Estado lo posibilita: la ampara una completa ley de igualdad salarial, educación desde la escuela sobre paternidad compartida y políticas de conciliación. En el ámbito empresarial, encontramos un compromiso real con prácticas que no alimentan la brecha de género: desde procesos de selección inclusivos, lenguaje no sexista, capacitación y prevención de la violencia, a productos, servicios y publicidad que no promueven el machismo.

Mientras, la jornada laboral mensual de las peruanas es 37 horas y 28 minutos superior a la de los peruanos (MIMP). El 52% de dicho trabajo es no remunerado, lo que implica menor capital, menos beneficios, menor contacto con espacios de decisión y en definitiva, menor visibilidad para la mujer.

Nuestras diferencias son contextuales y eso, es una gran noticia: las circunstancias, el entorno, se pueden cambiar. Solo hace falta voluntad.

A propósito de la coyuntura (política actual) ¿Saben que, según estudios realizados por la UE, Transparencia Internacional y la ONU, no existen datos empíricos concluyentes que demuestren que las mujeres somos menos corruptas que los hombres? No, no existen… El mismo mal uso del poder es cuestión de valores, oportunidad e impunidad.